Un día desperté y supe que todo había terminado de la peor forma posible.
Caminando por encima de grandes esqueletos de acero cubiertos por el oxido crecía la maleza, el último regalo que la madre naturaleza le concedía a su último hijo que se encontraba vagando en paraje de tierras infertiles.
La noche se hacía presente cubriendo con una manta opaca y sucia aquella tierra maldecida por la sangre de mil y un guerras. Un frío bastante aspero recorría mi piel cubierta de cenizas, tenía que encontrar un refugio y un lugar donde pasar la noche y las ruinas de un viejo edificio eran el lugar indicado para pasar la noche y encontrar la ya extinta calidez de otro ser viviente.
Al entrar en uno de los apartamentos solo encontré un sin fin de memorias de lo que parecía ser la vida de un ser común y corriente en un mundo al borde de la destruccion, una cinta que al ser reproducida escuché con calma las notas que me hacían pensar en un lugar utópico que alguna vez existió o que quizás alguna vez existiría. Después encontré una pila de fotografías, fotografías de grandes estructuras metálicas recubiertas de concreto, enormes ventalanes que reflejaban la luz del sol, una luz que podia simbolizar el gran mundo que tanto deseabamos pero que realmente no podíamos crear.
Entre aquellas fotografías se encontraba una que era bastante peculiar, aquella fotografía era de una joven mujer se encontraba sonriendo en medio de un verde paisaje cubierto por decenas de árboles y la luz de un amanecer ante sus ojos. Lágrimas comenzaron a brotar de mis cristalinos ojos al pensar en quien pudo ser esa joven para aquel que tomó la foto o mejor dicho, que podía simbolizar esa hermosa mujer y la belleza de la naturaleza en todo su esplendor. Quizás para la persona que tomo la foto eso era su todo, un todo que le había sido arrebatado por las mil y un guerras, es terrible pensar que muchos teniamos algo por lo cual vivir y sobrevivir en un mundo indiferente y al borde de la destrucción, que al llegar dicha destruccion se perdió para siempre y sin reparos.
El trabajo, los amigos, el amor y lo material que hacía que nuestras vidas tuvieran sentido fueron arrasados por la muerte y el deseo inminente de auto destrucción que ha condenado a la humanidad desde sus inicios.
Ahora no queda nada mas recordar esos días y sin reparo admitir que nosotros mismos cubrimos con un velo fúnebre todo lo que nos importaba pero infravaloramos.
