Nancy:
Lejano siento ya aquel día en que te conocí,
aunque aún lo puedo recordar como si hubiera sido ayer:
fue el viernes, 01 de junio del 2012.
Desde ese momento supe que no eras cualquier
mujer;
supe en ese instante que eras una mujer especial y que
ibas a ser parte esencial en mi vida;
pero, desde luego, no sabía hasta qué punto ibas a
revolucionar mi existencia y cambiar mi destino.
A partir de ahora amaré los jueves, mi Jueves de Gloria,
tanto como te amo a ti,
tanto como amo a tu piel blanca y tus ojos color de miel,
la exuberancia de tu cuerpo y la delicadeza de tus labios,
la belleza de tus piernas y el exquisito perfume que desprende
tu piel ardiente al ser tocada por mi boca y por mis manos,
la fragancia de tu pubis y la suave curvatura de tu vientre,
la tersura de tus manos y la profundidad de tu mirada:
todo en ti me incita a volver a hacerte el amor,
a amarte indefinidamente y a protegerte con mi propia vida,
si fuera necesario.
Cuando te acercas a mí, empiezo a padecer el efecto
del poderoso magnetismo que tu presencia provoca en
mi cuerpo y en mi pensamiento:
tu amor es un veneno benéfico que corre por mis venas,
que diluye mi voluntad y me hace perderme en el espacio;
tu dulce aliento me envuelve mientras te beso y vas
mordiéndome suave y rápidamente y me proporcionas
el antídoto perfecto: tu saliva.
¡Cómo disfruté tu respiración agitada junto a mi oído,
los acelerados latidos de tu corazón junto al mío,
tus excitantes gemidos, la tibieza y suavidad de tus pechos,
la estrechez de tu intimidad en flor!
Tú y yo ya no somos sólo dos amantes furtivos intentando
ser uno solo; ahora somos uno solo: NOSOTROS.
