Mirarte, inalcanzable mujer
desvanecida en la niebla de mis ojos
frente a mí, como una diosa del Partenón de mis deseos
y de mi Olimpo inalcanzable.
Besarte con la mirada
y acariciarte con mi mente
es todo lo que este cruel destino me permite
para no corromper con mi tentación tu inmaculada esencia.
Te miro ahí, con esa mirada frágil y tu sonrisa que inspira,
mas allá de lo que Leonardo pintó en la Monalisa
por el misterio de tu mas profundo deseo y pensamiento.
Te observo en el anonimato, admirándote lentamente
castigando mis intenciones lascivas
por profanar en mi mente tu santuario
diosa mía de la eterna belleza y sabiduría.
En la noche eres Diana, en el día eres Artemisa
deseo por un momento que seas Afrodita
y en el mas sublime Eros unirme a tu cuerpo que provoca
las más sutiles alabanzas a esta loca vida.
