Volaba de mi pequeño mundo,
hacia tus pies distantes,
que son la frontera de mis sueños.
Luego, llegué a tus ojos,
que extinguen los sonidos de mi boca,
y se escucha solamente la voz del alma.
Se detiene la respiración,
con solo el susurro de tu voz,
el pulso se altera,
y la voz entrecortada pronuncia tu nombre.
Mi cielo se cae a pedazos,
la razón se ha desarticulado del cuerpo,
el corazón sale a buscar tu aroma,
y yo… yo quedo encantado con tu presencia.
