Quiero despertar con el primer rayo de luz y que sea tu presencia la que me regale la calma, esa paz que solo tú sabes construir en el silencio. Caminar de tu mano, sin mapas ni brújulas, por cualquier destino que el azar nos ponga enfrente, sin prisa, solo con la certeza de que vas conmigo. No necesito más pruebas, ni señales del cielo, porque tú logras que mis días más normales brillen con una intensidad que no conocía. Eres, sin duda, la mujer que habitaba en mis sueños, y ahora que la vida te ha puesto en mi camino, no existe en mí la idea de perderte. Contigo entendí, por fin, lo que es amar de verdad: un amor sin miedos, sin sombras de duda, entregado con toda mi lealtad. Eres mi lugar seguro, mi razón y mi destino, donde todo comienza y donde todo termina. No hay nadie más que pueda ocupar tu espacio, mi vida eres tú, María Paz, y ya no me queda nada más que buscar.
