Después de 8 años y un maravilloso bebé; hoy te digo adiós. No sé cuando pasó ni porque lo que decías sentir por mi terminó tan rápidamente. Tal vez me aferré a un sentimiento que me daba fuerza para levantarme o pensaba que nuestro hijo nos uniría más; pero lo cierto es que jamás pudiste superar tu matrimonio fallido ni todos tus traumas emocionales que te hacían tratarme de esa manera; humillándome, lastimándome y haciéndome sentir la mujer más infeliz.
Te amé día a día, te desee cada noche a pesar de tu indiferencia, fui fiel a nuestra relación aún sin tener un papel que me obligara a hacerlo, todo por la convicción de crecer a tu lado y de hacerte fuerte. De nada valió mi desvelo; ni cada dolor de cabeza, ni siquiera las gripes fingidas para que nuestros amigos al preguntar no supieran que estaba tan constipada de llorar toda la noche por ti. Te entregué mi inocencia, mi fortaleza y hasta mi dignidad; de eso me arrepiento porque era lo último que planeaba perder.
Hoy... hoy solo sobrevivo; planeando mi vida sin ti pero con una parte de tu fisonomía convertida en mi hijo; sé que lo que construí en casi diez años no será fácil de superar pero también sé que si tú me amas vas a luchar por recuperar lo que tú te empeñaste en perder. No sé si tú me vas a extrañar y ni siquiera sé como vas a reaccionar pero sé que el próximo miércoles cuando haya luna te estaré esperando en ese parquecito dónde un día me juraste amarme siempre y si no estas ahí; volveré las veces que sean necesarias hasta darme cuenta que tú no sentías lo mismo por mí.
Siempre te voy a amar y aunque hoy no esté a tu lado; se que nunca podré estar con nadie más porque como siempre te dije "la memoria de la piel es lo más difícil de olvidar".
