Hace cinco años volví a mi hogar y me encontré con quien pensaba era el amor de mi vida. Con él reí y lloré. Con él supe diferenciar lo que era amor con lo que era obsesión. Tenía catorce años cuando decidí estar con él y no estaba pensando con claridad. Fueron dos años de peleas, enojos, momentos felices y momentos difíciles. Dos años en donde yo pasaba por problemas y a él no le importaba.
En el colegio me hacían lo que hoy se conoce como bullying, me molestaban por ser distinta, por preocuparme por mis estudios y ser cristiana. A mí no me gusta salir porque mi comunión con Dios es y será lo más importante.
A parte del bullying tenía problemas con mi cuerpo, me sentía mal porque las demás se desarrollaban y yo no. Mi cuerpo no crecía y el “amor de mi vida” en vez de apoyarme y aconsejarme, se burlaba de mí. Me tocaba y a la vez me molestaba, no lo soportaba pero tampoco me animaba a terminar con él por no estar sola. Que tonta fui.
Cuando pasaron los dos años, de problemas y de estar con el “amor de mi vida”, me enteré de que uno de mis amigos estaba enamorado de mí. Mientras yo lloraba por un idiota, alguien lloraba por verme sufrir.
Él, si tan sólo me hubiera dado cuenta de lo que él sentía, me hubiese ahorrado todo el sufrimiento, todas las peleas, todo el odio que en mi nació por ese hombre que me hacía sentir débil para poder quedarse conmigo, sentirse seguro y macho mientras yo me sentía una basura que no valía nada.
Hoy he cumplido dieciocho años y pude disfrutar mi día con él, no estamos juntos y quizás nunca lo estemos pero poder estar con aquellos que te apoyan y te dan el cariño que nunca recibiste es lo mejor.
Digo que quizás nunca estemos juntos porque hemos decidido quedar como amigos, porque ambos estamos pasando periodos de estudios que son importantes. Ambos somos cristianos y tenemos una fe inquebrantable y al tomar esta decisión me siento excelente, soy feliz porque ambos sentimos lo mismo y somos capaces de disfrutar nuestro amor como amigos.
Él me dijo algo importante que quedará en mi mente y en mi corazón para siempre.
“Dios conoce tu corazón y el mío, dejemos todo en las manos de Dios para que él haga su voluntad”.
