Me dices cuando Morfeo te llame a sus aposentos, para adueñarse de todos tus sueños y de tu ser; que envidia de Morfeo que te pueda tener, en medio de la noche fría donde los sueños pueden calentar nuestro ser.
Si es verdad a veces hace falta la compañía del otro, dispuesto a entibiar tus sentidos, borrando todo frío de pudor y miedo que se lleguen a tener; desnudando los cuerpos en medio de la larga noche, calentando las almas, fundiendo los cuerpos en una llamarada de instintos y pasión.
Cuando hace falta el roce de una piel, el fijar la mirada, los ojos en un cuerpo; perdiendo los pensamientos, dejando fluir los deseos, dejándose llevar por los instintos, enloqueciendo con los aromas, sudando por lo movimientos desenfrenados, en busca de milésimas de desconexión de las sinapsis cerebrales, por el fulgor de un vacío que recorre todo tu cuerpo.
Cuando hace falta la risa incontrolable, de las emociones expresadas en momentos mínimos del tiempo, que se convierten en recuerdos eternos de felicidades únicas y pasajeras, de cuerpos que se entregan en alma y espíritu al deleite del otro.
Cuando hace falta las palabras que no tienen sentido, la respiración entrecortada para mantener tu alma en tu cuerpo, sin permitir que esta se escape y se pierda en estos mínimos momentos del tiempo, que se convierten en recuerdos eternos.
