Decirte “te amo” no basta para expresar el caudal
de sentimientos que se agolpan en mi interior cuando
pienso en ti…
ese furioso caudal que amenaza con estallar cuando
te abrazo y cuando siento el dulce sabor de tu saliva
mezclándose con la mía.
El idioma es limitado, pero es el único medio con el que
cuento para escribirte y para tratar de demostrarte
cuánta felicidad has traído a mi vida y cuánto significa
para mí, ser depositario de tu amor.
Así que no me culpes a mí por estas limitaciones;
yo trato de compensarlas cada vez que me contemplo
en tus ojos, cada vez que acaricio tu rostro y cada vez
que te abrazo estrechamente y siento deformarse tus
formas femeninas contra mi cuerpo.
Han pasado los días, que se convirtieron en semanas;
han pasado las semanas, que se convirtieron en meses;
han pasado los meses, que ya se convirtieron en años.
Y yo sigo aquí… más enamorado que nunca y dispuesto
para amarte y protegerte todos los días de mi vida.
