Ayer cayó una tormenta que me hizo imaginar
la mecánica de fluidos de tu sexo;
porque así como la lluvia busca mojar los rincones
más escondidos de la tierra con su caudal de vida,
así yo busco irrigar los rincones más celosamente
vigilados de tu anatomía femenina
con mi caudal de líquido seminal,
con mi esperma que está ansioso
por mezclarse con los líquidos de tus orgasmos
o de tu saliva cuando me hagas estallar en tu boca.
Mi deseo crece más cuando estás ausente,
cuando empiezo a despertar y te imagino desnuda
en mi cama, a mi lado, murmurando palabras
mágicas…
cuando rememoro los momentos en que
me has dicho: “Te amo”…
cuando mi aliento se mezcla con el tuyo y te
robo un suspiro…
cuando tus manos se entrelazan en mi espalda
y arrancan jirones de placer a mi piel…
cuando el viento se convierte en cómplice de nuestros
gemidos…
Pero deseo más que llegue el momento en que
llenemos el silencio con palabras poco convencionales
y obscenas…
cuando, sin pudor, me pidas que te vuelva a
hacer el amor y comprendas que ansío conocer
tu lado oscuro…
ése que no te has atrevido a mostrarle a nadie:
el de la mujer plena, libre, lujuriosa, cachonda…
el lado oscuro de Nancy, convirtiéndote
poco a poco en mi mujer, en mi confidente,
en mi amiga, en mi amor, en mi amante exclusiva.
¿Acaso podría desearte más de lo que ya te deseo?
Dime que no, que no vas a hacer el amor conmigo…
y entonces, aunque parezca imposible,
voy a desearte más de lo que podría desear
un caminante en el desierto, la frescura del agua…
Dime que no quieres que conozca los secretos
de tu intimidad ardiente y que nunca vas a dejar
que te quite la ropa interior…
que no me vas a dejar absorber el aroma de tus braguitas…
que jamás vas a murmurar palabras sucias a mi oído…
que nunca voy a sentir el calor de tus labios
alrededor de mi virilidad…
Y entonces, sólo entonces, podrás estar segura
de que ya no estoy al borde del deseo, sino que
he caído ya por el abismo de la desesperación…
que ya no soy yo mismo…
que soy un hombre sin ilusiones y sin deseos de vivir,
pero que me obligo a seguir viviendo con la
esperanza de que algún día me digas que sí
y que ese instante eterno ilumine mi paisaje
nocturno…
Cuando descubras que mi cuerpo es un lienzo virgen,
puesto a disposición de tus uñas
para que puedas crear obras de arte morboso
y las enmarques con tu propio cuerpo,
en perfecta sincronía con el mío…
y nos convirtamos en una sola obra de arte,
erótica y perfecta: un desnudo total
de cuerpos y almas...
Nancy: ¿cuándo me dejarás conocer todo el
esplendor de tu intimidad?