No me da la gana olvidarte, porque en tus recuerdos cabalgo furtivo sobre las brumas de mi añorada demencia.
No me da la gana olvidarte, porque no quiero privarme de la fresca brisa que trae el crepúsculo matutino y que me ayuda a enfriar el primer café, cómplice de mi silencio.
No me da la gana olvidarte, porque... ¿por quién vertiré esa corriente salobre y cristalina que inunda y ahoga mi dolida alma?
No me da la gana olvidarte, porque el día que quiera apagar mi existencia, necesitaré una buena razón para desearlo y hacerlo.
No me da la gana olvidarte, sencillamente, ¡porque NO ME DA LA GANA!
