No vale la pena preocuparse por las cosas sobre las que no tienes control, porque si no puedes hacer nada, no tiene sentido que te preocupes.
En segundo lugar, no tiene sentido preocuparse por las cosas sobre las que tienes control, porque si tienes el control, no hay razón para preocuparse.
Cuando puedas hacer algo, cambia de actitud y empieza a aplicar una estrategia.
No gastes energía en acciones o pensamientos que en vez de ayudarte, lo que harán es atrasarte.
