Desde otro mundo de fe
una nube rasgada por cuchillos
desborda gota a gota el pozo de la desesperación.
La conciencia
que antaño fue débil
se reusa al mandato divino de
"amaos los unos a los otros"
como Absalón, como Desdémona.
Oh Dios!
Pasa de mí esta amnistía que pesa
en el estómago.
Acércame un poco más
la vía Láctea donde pueda
yo, escuchar infalible tus ruegos.
Extraviado esta vez me busco
en el hombre que no soy, en el
que no me diste.
Tú lo sabías desde las llaves de mi casa, desde tus manos
y las mías entrelazadas
por el universo y las iglesias.
Tal vez hoy, seré mañana
la montaña o la estirpe trotando
fiel jinete apocalíptico
entre mundos que diseñaste para mí.
