Creo en el poder mental de las palabras y en la magia de los versos. Nuestros corazones siempre esperan lo que desean. El verdadero saber es no olvidar, es recordar y no caer en los mismos errores. Solo aprendemos pensando y debemos pensar muy bien, si queremos realmente aprender; si nuestra cabeza no da para tanto, debemos creer en el cerebro o inteligencia de otros. La felicidad siempre será un pequeño paraíso, pero lo bueno del escribir, es que otros podrán aprovechar mejor el tiempo. Muertos, todos somos una misma cosa –alimento para gusanos carroñeros y humus para la tierra, en algunos casos- y seriamos miopes como insignificantes larvas, si no le enseñamos a nuestros corazones a ver y a sentir. La insensatez nos hace vulnerables, ante las maquilladas tentaciones del mal. Es una necedad el no aprender de las derrotas, de quienes lo han perdido todo. Una buena y oportuna idea, puede salvar a más de los que imaginamos. No sueñe… ¡Piense!... y después de pensar: ¡Actúe!
