Te conocí desde que te deseé. Te amé desde que te conocí. Te amo. Me has dado a mamar tu pecho suelto. Y me lo he llevado conmigo. Es delicioso. Primero vi tu pecho. Y luego te miré. Y te hice mía entera. Hice mío tu pecho. Hice mía tu mirada. Tu ser. Y no sé cómo decirte que te amo si no es diciéndotelo. Que te hago mía entera. Que no te escapas. Que eres mía ya. Desde el momento en que tu precioso y delicioso seno tembló para mí. Desde entonces eres mía. Y no fue más que una fugaz mirada. Y con después de ella te hiciste a mí. Te penetré. Y te fecundé porque entraste en mi alma, tú entera. Tu alma entera. Y todo por tu pecho. Por ese pecho que me diste a mamar. Sin palabras. Por ese pecho en el cual posé mis dos ojos. Aunque vi el otro también. Hice uno solo para mis ojos.
Te conocí desde que vi tu pecho. Desde que me lo ofreciste. Y te lo mamé. Sin palabras. Nos habíamos visto muchas veces. Habíamos hablado muchas veces. Y muchas veces me diste a amarte. Me diste a mamar. Me amamantaste. Como hoy. Y me diste tu pecho. Delicioso. Sólo por eso te amo con todo mi ser, con toda mi alma, con todo. Preciosa.
