No puedo juzgarte, porque yo, siendo el ser más perfectamente imperfecto, tengo la dicha de ser el depositario de tu fe y confianza. No puedo juzgarte, porque yo, siendo el más simple de los mortales, recibí de ti tu inocencia de niña. No puedo juzgarte, porque yo, siendo un simple mortal, recibí tus anhelos de felicidad. No puedo juzgarte, porque yo, siendo el más humilde de este mundo, recibí de ti la calma y certeza de un futuro mejor. No puedo juzgarte, porque yo siendo el ser más egoísta al quererte sólo para mí, tú me enseñaste a amarte sin perder tu libertad. No puedo juzgarte, porque yo, sólo pudiendo entregarte mi vida, me ofreciste los hijos que me dieran felicidad.
No puedo juzgarte, porque yo, siendo el menos agraciado entre los mortales, me ofreciste la belleza de tu cuerpo y tu alma. No puedo juzgarte, porque yo, ofendiéndote de acción u omisión, tú has tenido a bien perdonar mi locura. Como poder juzgar a un ángel, como poder juzgar a un ser que es todo ternura, como poder juzgar a la dueña de mi vida. Sólo puedo pedir tu perdón, y desear que todo lo que me has dado, lo me lo quites al descubrir que lo único que yo te puedo ofrecer, es un alma imperfecta, egoísta, loca y obsesiva, pero que sólo por ti está dispuesta a darlo todo.
Colaboración de gabo12
México
