Lo vio salir por aquella puerta que se cerraba en cada paso que transportaba al olvido, se alejaba y su perfume ya no alteraba los sentidos; todo quedaba en perfecta quietud. Se fue porque le pedía a gritos su libertad, ya no hay más camino por andar… Simplemente ya no hay nada, ni la neblina cubría el hueco, sólo se escuchaban los ecos del relato que una vez fue contado. No se quería desprender de su alma, derramaba lágrimas al marcharse. Soledad sombra que nos vuelve a perseguir, se nos hizo nada el tiempo, un sueño con retorno.
Las espinas se clavan cada vez más, lastiman, nos hacemos vulnerables al dolor, ya no sentimos fuego en la herida. El frío adormece despacio al cuerpo, las memorias vuelan una a una sin sentido ni dirección, se pierden en el horizonte para que alguien las recuerde risas que lloran se hunde; tarde o temprano alguien la encontrara, pero mientras el destino regresa, descansará sobre la conciencia de quien valoro su vida...
Colaboración de Hana Asahi
México
