De la inquietud y la agonía de la sombra y la nube yo te invoco amado mío, líbrame de este siglo que jura por hacerme de piedra; contigo, sin el orden y el diseño en mi carne y cuanto veo y toco se alarga en un temblor de melodía, de aflicto penitente de lágrimas y en sueños se grabara el dolor omnipotente, como punzante clavo en mi pecho. Al fin la planta helada, mis ojos turbios ya le ven por dentro, pero en el encuentro, sólo halla las sombras y el vacío de la nada, ve el alma de sus culpas aterradas en el obscuro centro y yo asistida en su espacio centro, varia su suerte, graves sus culpas y el alma herida de temor lágrimas vierte y más se conturba y tiembla bajo tinieblas.
Ante el Don, preveía tu amor, torturas, cría-menes, hielos y quieres trasuntar el horror de tu mística agonía, dejando tu gray en este valle hondo, oscuro con soledad y llanto.
Y tú rompiendo el puro aire, te vas a lo inmortal y los ahora tristes y desposeídos, que miraran los ojos que vieron, que no le sea enojo al viento fierro, airado tu encubierto; la nube envidiosa como vuelas presurosa, dejando todo lo que alcanza y de la muerte mientras más cerca corre, cada vez de la muerte más cercano. Allá en la altura amor, entre purpureas rosas, recatabas porque nadie viera el moreno carmín de tus mejillas, donde siempre te amé con la mayor ternura que inspira un recién nacido, y que al pie de tu ventana, no os quedéis dormidos en la ilesa de tu amor herido, en tu oculto olvido de lo vivido.
Mi alma grita tu nombre en silencio, y busca perderse en el mar inquieto de tu mirada, en esta noche fría y solitaria que ha envuelto tu soledad en su manto… Eres el fugo que enciende mi hoguera y la fuente que calma mi alma sedienta de amor, en-vuélveme en tu aroma, en la complicidad del tiempo, de nuestras miradas y Pensamientos que inspiran mis versos dormidos.
Si del caballo seguirás por mí; ciego y triste, en el nocturno abismo de sombra amotinada, en medio de esta noche tan fría y solitaria, más como sombra, pasas de este mundo cubriéndote la cara de aquel ruego sublime, pero más allá; le destino grandes congojas y amarguras que su mente abruma. Son horas de infinita serenidad, la noche se hace larga y más intensa, vigilada por las horas silenciosas, como el alma dilata tus pupilas, presentes en mi mente tu desdicha, bajo esta forma blanca oscurecida, la sombra que en mi cuerpo escondes, pero en la sombra, siento que un eco en mi voz en mi responde; más allá en época pasada, que mi saber no era poco, que tu silencio tiene indistinta voz para un oído, quien te escuchara con modestia no afectada, si yo he escuchado tu callar oculto y el olvido de tu amor herido, sentado lejos del mundo sólo has hallado soledad y desamparo a tu alrededor y la influencia de unos ojos negros que en un tiempo me hicieron vivir y morir en todos los predios de su corazón.
Me siento como en pájaro en vuelo, viajando por el alto cielo, en lo infinito del tiempo, porque al final estarás esperando para estrecharme tus brazos y cuando nuestras almas se unan, entraremos a un mundo donde nuestra historia no va a terminar, donde no existirá un final. Están mis pupilas llenas de visiones arcangelizadas la memoria pide para él un cielo de colores, que digan la altura de nuestra historia, porque ahora desde que amanece, el corazón se siente más cercano y menos vano en su melancolía.
La vida es un gran y hermoso regalo de Dios que tenemos que desenvolver a cada paso que demos y no como un niño pequeño que rompe el papel, estropeándolo sin saber cuánto costó envolverlo
Colaboración de Trischa T. Rolon Santiago
Puerto Rico