No me juzguen porque ya estoy muerto, ya no estoy con ustedes. Alguna vez sentí sus alborotos sus pasitos débiles su respiración muy cerca de mis brazos y también sus manitos sucias y transpiradas en las mías, ustedes tampoco pueden ver mis sonrisas o mis llantos porque ya estoy muerto. Es que ya no siento nada. Ya he muerto mi alma se cansó de tanta indiferencia de tanta soledad y de mucha vergüenza, vergüenza de que fui un estorbo es sus vidas diarias. Yo era antes de morir una herida grande ahora ya está seca cicatrizada por los inviernos y otoños veranos o primaveras, cicatrizada por el polvo de tantos caminos y puentes largos y desolados que tuve que pasar.
Los muertos no andan muertos están. Ya no quiero nada, porque no tengo en dónde guardarlo porque allá dónde yo vivo es muy lejos y no quisiera dejarlas en el camino para no estorbar más, vivo sólo, a veces me visitan mi madre y su esposo, mi padre les abre las puertas para verlos salgo y mis ojos no resisten el sol corro rápido a esconderme y así ya no escucho lo que me juzgan que es grande y fuerte como el sol que mis ojos no resisten. Cuando niño ya no soporte más y caí muerto al piso mientras veía la muerte veía otra vez la muerte y otra vez y otra, ahora adulto me cuido para poder resistir hasta que mis hijos me sepulten para siempre, pues así me daré cuenta de que sólo estuve cansado por eso decidí acostarme para mañana otra vez temprano ir a trabajar, en la noche al volver a casa descansaré y otra vez volveré a acostarme y el día siguiente salir a trabajar.
Colaboración de Teo
Perú
