Cómo decirle lo que tanto tiempo fue callado.
El momento llega, dos personas se encuentran después de no haberse visto en tantos años. Los invade una gran emoción sin saber qué decirse, solamente se miran, se abrazan con una fuerza fraternal y con ello vienen todas las emociones guardadas en tantos años....
-¿Cómo estás? ¿Qué te has hecho?, ¡tantos años sin saber de ti!-
En fin... preguntas que siempre se dicen en un encuentro. Preguntas de cajón, preguntas llenas de misterio con respuestas que anhelan ser escuchadas.
El tiempo transcurre, parecen segundos porque hay tanto que contar y hay tanto que decir…
Uno de los dos preguntará con disimulo, evitando con ello demostrar sus sentimientos: -¿cómo ha pasado el tiempo desde la última vez que te vi? cambiaste por fuera, pero no importa si mucho o poco; lo importante es que estás aquí-.
Las personas sentadas frente a frente recuerdan cómo eran al mirar ese cuerpo transformado por los años; sin embargo, descubren que aquella inocencia, ternura, identificación mutua, camaradería, son manifestadas en una mirada, una sonrisa y el escuchar con mucha atención las anécdotas de tantos años.
Pero el tiempo sigue pasando…
Saben que tienen que despedirse. Suena algún teléfono, una llamada importante o necesaria y en ese momento se piensa en alguna excusa para continuar en el encuentro tan esperado y sorpresivo del que nadie quiere irse y mucho menos, despedirse.
Pero el tiempo transcurre.
No desean el "hasta luego" y mucho menos el "adiós". Se miran, sonríen, hay un silencio, intercambian números de teléfono y direcciones, pero el tiempo transcurre.
Después de esas horas que son segundos para ambos, por fin llega ese momento: despedirse. No saben cómo preguntar ¿cuándo nos volveremos a ver? hasta que por fin uno se anima y pregunta, a lo que escucha la respuesta: ¿cuando quieras?
Se abrazan nuevamente pero ahora la emoción es más fuerte, llena de alegría y de sentimientos inexplicables, tan intensos, tan hermosos, tan reforzados. Sentimientos guardados de tantos años que debieron haberse dicho en aquel tiempo pero no era el momento indicado. Quién sabe si después lo será.
Se dan la mano y se acercan para darse un beso en la mejilla y como camaradas, se despiden esperando que el siguiente encuentro sea pronto. Cada quién toma su camino, se dan los pasos y el recuerdo de ese encuentro los acompaña al igual de una gran sonrisa dibujada en el rostro de haberse encontrado otra vez.
Probablemente pasen ocho años más para poder estar juntos, no se puede saber. Lo cierto es que ese cariño es real, donde sus vidas en el futuro y final de sus días llegarán a compartir un “amor maduro”.
Con cariño para JoZe
Colaboración Anónima
México