Son las 12:12 de la mañana del 24 de diciembre y todos duermen dulcemente en sus camas, abrigados y sumidos en sus sueños, cada uno de ellos diferentes pero muy felices. Todos menos yo que estoy aquí delante de mi ipad pensando en muchas cosas como si hoy fuera el último día de mi existencia.
Contemplando cada cosa que pasa por mi mente, muchas de ellas tristes, muchísimas más alegres, recopilándolas todas me doy cuenta que todo lo vivido en este año hizo en mí un cambio para bien o para mal pero algo en mí cambió y de eso estoy totalmente segura.
Hoy me doy cuenta de varias cosas que agradezco, una de ellas que es una Navidad más al lado de lo que más amo en el mundo entero: MI FAMILIA. Mi más grande y hermoso tesoro que Dios y la vida me han podido dar, con los que voy a contar para toda mi vida en la salud o enfermedad, en la riqueza o pobreza, para bien o para mal, en lo bueno o lo malo, en lo maravilloso o en lo peor, siempre estarán presentes aquí a mi lado para no dejarme caer y guiarme por el camino correcto.
Al igual que ellos, me encuentro en los recuerdos a esos amigos que han ayudado a forjar lo que hoy soy: un ser, una persona de noble corazón en el cual ellos toda la vida vivirán. Estando cerca o lejos de ellos jamás los olvidaré y mucho menos dejaré de agradecer todo lo bello que me han hecho vivir a su lado y esperando que esos recuerdos lindos también sean inolvidables para todos ellos.
Desgraciadamente no todos los recuerdos con los que me encuentro son de felicidad. Llegan a mí recordándome que este año perdí a 3 seres queridos que desde donde estén nos siguen cuidando e iluminando nuestras vidas.
Y desde aquí recostada en mi cama, les mando un enorme beso desde lo más adentro del corazón en el que hoy en día están bien guardados hasta el final de mis días.
Colaboración de Reiven rebel
México
