Miré tus ojos, sentí vibrar cada fibra de mi ser, te vi humilde, aceptando todo con verdadero amor. Rodeado de una opulencia que en nada se parece a ti. Con tu cuerpo lleno de yagas, cubierto de harapos con las espinas desgarrando tu rostro contrastando de manera vulgar von el oro, las piedras preciosas con que el hombre en su afán de compararte con algo de valor, solo se acerca a lo material y no a lo espiritual.
Tuve que viajar tan lejos, para entender que aun los seres humanos no comprendemos tu sacrificio ni valoramos el dolor de tu pasión. Perdonanos.
