¿Podrá ser que en tan inmensa oscuridad se pueda encender una pequeña y débil luz, que empiece a expandirse hasta traer consigo la extinción de dicha oscuridad, una luz que brille, que impacte en los ojos de aquel que desde hace tiempo se mantenía cegado por esta penumbra llena de silencio y decepción?
¿Será posible que después de tantos intentos fallidos, al fin logren unos pies cansados levantarse y caminar confiando en el trecho apunto de recorrer? Tanto tiempo ha pasado esta mujer soñando un cuento de hadas, buscado su historia y recibiendo no más que tiempo perdido y malas inversiones en cariño.
¿Será posible que una puerta que estuvo abierta por tanto tiempo, que observó tantos pasajeros, tantos tipos de caminar, tantos zapatos, podrá ser que esta puerta, que por cansancio y desesperación, que por miedo a recibir más golpes se cerrara completamente, o al menos eso fue lo que intentó, o al menos eso pensó que logró? ¿Será posible que después de tener cerraduras y cadenas se vuelva a abrir?
Después de todo, siempre existe una llave para cada candado, pensó que estaba perdida o bien escondida, ¿podrá la puerta ser tan tonta como para dejar pasar una persona más, dejarse ensuciar por un par de zapatos más? Qué puerta tan ingenua, ¿o será valiente?
¿Qué pasa si estos zapatos no están sucios, si esta persona viene a limpiar la puerta, a pintarla? La puerta no puede saberlo, ¿será que vale la pena el riesgo? Después de todo, si se equivoca, lo único que puede pasar es que se agregue un nuevo candado y tenga que esconder una llave más, hasta que sea tan vieja y olvidadiza o tan tonta como para volver a creer, lo que pase primero.
