Como hoja seca,
sin retoño, sin verdor,
a la sombra de un árbol,
a la espera de un ruiseñor.
Alma que no te alimentas,
que también esperas tu ruiseñor,
anda, sal en su búsqueda,
anda, sal de tu olvido,
corre y vive otra vez.
Imprégnate de sol,
llénate de estrellas
y deja que la bella luna
te acaricie con su tenue luz.
Colaboración de María Barreto
Nicaragua
