Te miré como siempre y encontré la respuesta
de que todo ha pasado y que todo se queda.
Busqué entre tus manos el calor de siempre
y encontré en tus manos un amor que enciende.
Te perdí siendo chicos, tal vez adolescentes
y me encontré frente a un hombre que era el niño de siempre.
De todos los tesoros tuviste el más sagrado,
te di lo que no tengo, igual lo sigo guardando.
Los años me enseñaron a observar lo lejano
y pude darme cuenta que fuiste perdonado.
El corazón se aprieta se esconde en el pasado,
vuelan mariposas y duendes encantados.
Encontré dos luceros que atentos
observaron el paso de los míos
y vaya que se besaron,
quizás sin darse cuenta, quizás a contramano.
Recordé mil poemas y temas olvidados.
Y se escapó un te quiero, sin tener que pensarlo,
sin tener que pedirlo, sin querer pronunciarlo.
Y se escapó del pecho, profundamente guardado.
Y me sentí feliz de ser por un instante
aquella adolescente que te besaba tanto,
que tenía mil planes y sueños encantados.
Y fuimos inconscientes
y fuimos descarados
y fuimos nuevamente
viejos enamorados.
Colaboración de Luna Gallego
Uruguay
