Con tu mirada de potente sexo
lleno mi tarde iluminada de deseo
y con tu carne de viva pureza,
¡No puedo amor!
No puedo cargar con tantos besos y
hasta los frutos de tus vivas rosas
limando mi piel.
Con tu mano inhábil
tejes mi telaraña insaciable y
la pasión hambrienta
se me despierta ampliada.
Con tu mano diestra y perfecta de la madeja,
agitas el algodón
cosido en mi alma de ropa y lana.
¡Oh mi cisne y signo de loto!
Flor de naranjo, noralí exprimido
con tus tibios dedos,
extraes la savia espumante
en mis axilas de claveles.
Dame tus brazos de ala volante
porque el charco en mi vientre
se derramó en lago
cuando moviste tus brazos de orquesta
marcando el compás rítmico
del agua estancada.
Mi amada, la dueña de los verdes.
Extirpabas los dones naturales de la tierra
con tus estirados dedos de piel y árbol.
El líquido bajo tus pies
los pájaros sobre tu techo,
el océano como anillo en tu cintura
tu canto de guitarra rasgando los prados.
Y a tu lado...
¡A tu lado yo!
La arena silvestre y rebelde
que aprendió de tu letra y canto
a olvidar los días injustos en tus sueños de lagunas.
Armando en tus lúdicos senos una órbita
de nueva vía Láctea
para mi sed necesitada de leche,
y de tus odres dobles rosas
tus pinares extensos
refrescando mis labios azules.
Colaboración de Ricardo Álvarez
Argentina
