Errante en este mundo desierto me encontraba,
deambulando en la tristeza indómita que con la penuria y la desdicha de mi corazón se apoderaban, esperando mi fatalidad,
el desazón estaba por consumir mi ser, y la desdicha mi alma.
Y por azares del destino llegaste tú cambiando mi agonía por vida,
tu ser inundó de luz y de esperanza a este corazón acongojado,
tu sola presencia hace que mi alma se deleite en una dicha inexplicable, más allá de cualquier raciocinio, fue entonces
cuando comprendí que te amo más allá de mis propias fuerzas,
y que tu existencia hace que mi mundo recobre color, alegría y vida.
Colaboración de Alondra
Honduras
