Cuando en el atardecer los rayos del sol traslucen tenuemente
hasta tocar tu existencia y se rinden por el encanto de tu ser,
tu sonrisa se levanta, pues sólo quedas tú para brillar
y traer luz a mis días inciertos,
que con desdén me reclaman tu presencia.
Qué ironía tenerte en mis pensamientos y no poder tocarte,
qué delirio tenerte en mi corazón y no sentir tus latidos,
entonces sólo me queda despertar
para no ver que aun los sueños son una trágica incertidumbre.
Colaboración de Jan
Perú
