Como amigos nos conocimos,
y en tardes sombrías sobre nuestros hombros lloramos.
Confiabas en mí, como yo lo hacía en ti.
Fuimos como hermanos…
Y entre risas, juegos amistosos,
falsas caricias y tristes enojos,
como una llamarada inmensa,
un cálido amor nacía.
Hoy estás a mi lado,
eres mía y yo tuyo.
Vivo por ti, por tus besos y abrazos,
como tu mueres por mí…
¡Oh Dios! ¡Qué locos estamos!
me conoces, te conozco.
Entre palabras peleamos,
para después entre sabanas reconciliarnos…
Hay días de distancia,
mañanas de dudas,
tardes de dolor,
pero también noches de amor.
Vivimos uno para el otro,
lo sabes, lo saben y lo sabrán.
Y aunque no lo aprueben,
tú, mi reina serás…
¡Qué locos estamos!
Unidos por el fruto de un dulce engaño,
de una cena con alcohol,
y una noche de loca pasión.
(Para mi nena, Yesenia de Concepción)
Colaboración de José Heriberto Sántiz Hernández
México
