La suavidad de tu piel quedó impresa en la yema de mis dedos.
Te sentí disfrutar de la caricia, la quietud de tu cuerpo lo decía.
No podía verte por estar a tus espaldas. Y mi imaginación se transformó en mis ojos.
Mis labios se posaron en tu pelo absorbiendo su fragancia
¡Cuánto tiempo sin tocarte!
Colaboración de Mefistófeles
Argentina
