Oigo frases incansables que presagian mi destino,
oigo dulces melodías que culminan en delirio,
oigo valles y colinas que murmuran al unísono,
oigo cada gota de rocío al caer sobre la hierba.
Oigo la cuidad atormentada detrás de la espesura,
oigo esa voz dulce a través de mi teléfono,
oigo el crujir de la tierra bajo el peso de mis pasos
oigo gran multitud de ruidos entre la maleza.
Oigo el sonido creciente de un motor a una legua,
oigo mis pensamientos ambulantes sobre volver al martirio,
oigo mi respiración entrecortada al ritmo de mi carrera,
oigo el resoplar del auto que se acerca.
Oigo un enorme estruendo y chillidos zigzagueantes,
de repente no oigo nada más,
abro los ojos y veo a mi madre llorosa,
mientras mi hermano me acerca un papel donde leo: Has quedado sordo.
Es un poema que cuenta una historia súper triste
que ocurrió a un amigo
Colaboración de
Arlequín
Cuba
