Bastó un instante para conocer la bondad de tu alma.
Bastó un instante para sentir el infinito amor que guarda tu corazón y tus nobles sentimientos.
Sé que soy yo, quién te da consejos, pero tú me diste una lección.
Sé que soy yo quién te da abrigo, pero tú me diste tu calor.
Sé que soy yo quién te da la mano, pero tú me llevaste por el camino correcto.
Sé que soy tu madre, pero más que mi hijo, eres mi razón de vivir.
Aquella vez que te vi a mi lado, por un instante nada más, por pocas horas... minutos antes de mirarte, mis ojos no tenían luz, mis sueños se esfumaban y mis esperanzas cada vez más se perdían.
Pero bastó tu mirada, para que Dios iluminara mis ojos, reviviera mis sueños y me enseñara que por ti mis esperanzas siempre estarán allí y más aún, la realidad de mis sueños contigo se cumplirán.
Ahora sé hijo querido que siempre estaremos juntos, a pesar de la distancia, que con sólo palpar tus manos, besar tus mejillas y escuchar tu dulce voz mi vida se alargará y no habrá tiempo ni distancia que sobrepase el infinito amor que por ti siento. Te amo.
Este poema se lo dediqué a mi hijo cuando estuvimos separados
Colaboración de Elizabeth
España
