Las aves de tus ojos revoloteando inquietas,
el brillo de tu risa deshilando estrellas,
la ventana entreabierta, la noche deslizándose,
girando entre tus hombros, buscándote.
Y la Luna en tus muslos fulgurantes,
lujuriosa boca palpitante,
eres un lago vivo de mágicas vertientes.
Y yo me baño en sus orillas tibias,
y recuesto mi cuerpo entre tus piedras,
mientras germino en tu vientre de hojas tiernas.
Colaboración de Régulo Briceño
Venezuela
