Recuerdo un amanecer radiante y soleado, tan sólo al abrir mis ojos, una estrella brillaba en mi ventana, todo mi ser se estremeció de felicidad, mi rostro reflejaba alegría por doquier, mis ojos brillaban de esperanza y mis labios sonrientes besaban un sueño aun ausente.
¡Oh, era navidad! un año más en mi inocencia extendiendo mis brazos para alcanzar una estrella, mirando con desespero bajo mi almohada si algún juguete o un caramelo podría encontrar, más aun con el resplandor del sol cobijaron mis sueños la desesperanza de aquello que nunca pude alcanzar.
En espera eterna de la navidad, siempre brillaron mis ojos con destellos de alegría, más mis pupilas emanaban tristeza y lágrimas siempre sonreían mis labios con armonía, más titubeaban de agonía, sin embargo mi rostro reflejaba la ilusión incierta de una navidad, pero la realidad es que todo es sólo un espejismo, que no existen los regalos, ni siquiera una felicitación, que no hay luces ni colores, que no hay dulces ni tambores y hoy, que ya no soy una niña sólo sé que mi única navidad fue siempre el amor y la bendición de mi madre, ahora se, que bastó en mi infancia su calor, su amor, una cena en familia y una lágrima suya que me hacía comprender que la navidad a su lado era mi eterna felicidad.
Colaboración de Elizabeth
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