Ella tiene sólo veintisiete años yo cuarenta y cinco pero me ha hechizado con la magia de su juventud me trajo de nuevo a la vida, con la imperativa propia de su edad mi niña loquita así la llamo en ocasiones, olvido que tiene edad suficiente para ser mi hija lo cierto que cuando estamos juntos olvido que es casi una niña para mí.
Lizbet así se llama la pequeña mujer que me sacó de mi letargo, me inyectó ganas para vivir, me enseñó que el amor no se mide por edades ni creencias religiosas, ha demostrado ser muy madura para su edad, ya es casi un año de conocerla de mantener esta bonita relación que aún nosotros no sabemos cómo llamarla, no somos novios, ni tampoco creo esto se pueda llamar amistad, porque los amigos no hacen el amor y la palabra amantes la encuentro muy fuerte para algo tan bonito.
Lo cierto que es lo más cercano a la relación ya que ella en unos meses se casará con alguien que conoció sólo unos días antes que a mí. Es aquí donde me pregunto ¿qué ira a ser de mí? si ella hoy en día es mi mundo entero, es la luz de mi camino pasan los minutos las horas y siento deseos de verla de estar con ella. No me imagino los años que me quedan por vivir sin ella, en ocasiones siento el enorme deseo de luchar por ella, pero no sería justo su futuro esposo tiene la edad de ella misma, ella puede hacer feliz para toda la vida, en cambio yo entrando al otoño de mi vida ya no podría darle las atenciones que se merece, es por esto que la dejaré ir...
Para mi niña loquita, mi cosa fea Lizbeth.
Colaboración de Jcortez
México
