Oh Dios santo misericordioso;
te encomiendo una vida muy valiosa;
porque sé que tu cielo es glorioso;
y su vida en la tierra será dichosa.
Oí decir que el paraíso es hermoso;
las flores no marchitan ni hay tormenta;
pero diré en este verso cariñoso;
“te quiero papá” con un trozo de llanto.
Aún siento el auge de tu vida;
sublime viento de tu respiración;
dejándome profunda herida;
aquí donde eterno vives en mi corazón.
Y un día las estrellas me puse a contar;
tú sin fin de oficios como esa infinidad;
¿quién como tú?, nadie a tu capacidad;
que hasta el final pudiste luchar.
Acrecienta mi débil fortaleza;
purifica de gozo mi tristeza;
llena de tu deseo mi grandeza;
he aquí tu hijo, tu hijo reza.
Este poema lo escribí el día que falleció mi papá, como triste escena declamé en público frente al ataúd de mi padre antes de que lo enterraran, por ese hecho estoy muy seguro que conmoverá a cualquiera en especial a aquellos que perdieron a su padre, tengo 20 años y créanme hasta ahora duele su partida y lloro como un niño al leer este poema
Colaboración de William-Bolivia
Bolivia
