Tal vez fue un recuerdo desenfrenado,
amargo suspiro del beso ido.
Y ahora me encuentro quizás, vencido,
primer amor: Bullicio devastado.
El hermoso clavel fue marchitado,
causa vana, falta de sentido.
Pero me dije: “¿Por qué me he redimido?
¿Acaso fue feliz tiempo pasado?”
Supe contemplar, valorar matices,
reírme de aquel clavel maldito,
pues mis lágrimas nutrían sus raíces.
¡Basta ya! Atormentador detrito,
con tu presencia no me hipnotices.
No merece la pena, yo dimito.
Colaboración de Toacsa
España
