Señora, amante de los difuntos sueños;
-me viste de dolor-,
eres el silencio que me desploma
en la amarga soledad...
Señora, latido que retumba en lo profundo;
promesa vaga del llanto,
el modelo soñado para un escritor…
Angustia del corazón mío
que me duerme entre sus alas,
como un momento inolvidable
que se proyecta en mi mente.
-¡no me deja ver al más allá!
Colaboración de Augusto Ramírez
Nicaragua
