Un espacio sombrío.
Un banco somero,
para someter
la somnolencia al sonochar;
Una virgen muy sonada
que se acerca sonrojada,
pero no deja de sonreír
y a intentando a mi orgullo sonsacar,
es del tipo que no me deja soñar
y lo único que hago es sonsear.
Dice necesitarme con un tono sorna
y me hago el sordo...
-Me siento como un sortero...
Mientras ella se quita el sostén.
-Hoy señor, sí que destrozaremos el somier...
Así lo empiezo a sospechar.
Me quita la sotana
y después de un rato, que empujo el sotrozo,
después de sostener su par de soteras
me dirijo a ella en sovoz
llegando al sosiego:
-Niña, tienes el mal de la sosería,
pero gracias por regalarme tu ser...
Y me dijo:
-Lástima, porque tú eres un soprano.
-Sota...
-Ya me di cuenta por qué aun eres soltero.
Y me quede sólo
y solapado,
de repente sin saber por qué me entra un sofoco,
Quizás por Sofía,
que me ha dejado solitario
y en el pecho un socavón...
Colaboración de Augusto Ramírez
Nicaragua
