Traes toda la luz encendida del planeta
en tu pequeña mirada explosiva.
Tu cuerpo de rocío
en el oráculo de tus ojos me dice
que soy tu sueño entre los sueños
y que el amor nos crece con la distancia
y la lejanía se hace lastre de metal blanco.
Sólo recuerda amada.
Que nunca perdimos un resalto de auroras
sometidos a las gramas verdes y fecundas.
Que mis manos barrosas de único don
han hecho un atrasado reloj
en los nudos del tiempo.
Mientras de tu pecho ostentoso
bajó la harina en ácimo.
Del cereal molido y duplicado,
mi alma barda y terca
y mis dedos de amor fueron la braza del carbón.
¡Ay amor!
Que desparramada huele toda tu naturaleza.
Rama y espiga, olivo, pan y masa
en los hornajes de las panaderías nuestras.
Liberando impregnaste aromas de crecidos nutrientes.
Como una loca lava que antes nos nunca existió.
¡Planta y trigo mío!
Dando la sagrada lección que el pan alimenta la boca
y la amapola de larva en beso nos nutre el alma.
Colaboración de Ricardo Álvarez
Argentina
