Se oían sus pasitos de seda,
rechinar por la vereda,
y sus ojitos azabaches,
de mil formas brillar y destellar.
Y con sus manitas de seda,
va creando travesuras,
que dibujan mil colores,
de amor y de bondad.
Se pueden sentir sus besitos,
que son dulces todos, toditos,
y de su pechito primoroso
un suspiro pellizcar.
Y al tratar de estremecerlo,
a ese niñito yo no puedo,
de un rinconcito no moverlo,
porque mi amor se aumenta más.
Es una sonrisa angelical,
la que sus labios dibujan,
cuando la inocencia empuja,
a volar y a volar.
Una letra urgente, de esa forma, surgió Azafrán.
Lo más importante en mi vida ha sido y será Adrián Mateo, mi hijo. Azafrán es más un poema infantil que otra cosa.
Intento que cada palabra exprese en algo lo que mi sentimiento siente por esa plantita de Azafrán.
La imagen imborrable de su carita de fantasía y su pequeño cuerpecito tenía que quedar grabado de alguna forma y Azafrán trata de hacer eso.
Colaboración de Johan Alvarez
Ecuador
