Idilios soñadores enardecen hoy,
mágicos como la lluvia al caer,
sentado en la esquina de mi dicha voy,
siguiendo cada gota al atardecer.
Fresco y sereno se encuentra el estero,
rodeado a su gusto, de maleza agrandada,
tomando de sus aguas, aparece lucero,
portando un collar de astucia mojada.
Mi nuevo amigo, un astuto ternero
vagabundo y príncipe pradereño
silencioso al llamado de su compañero,
habiendo olvidado su llanto de pequeño.
No bebas más!, Le grité con egoísmo,
sentí celos de su torpe ignorancia,
más me miró y dio vuelta al tiempo mismo,
que me hizo recordar su sufrida infancia.
Afanado en intentar atención alguna,
di tres pasos, le hablé con vulnerabilidad,
me retó con sutil agilidad,
dando brincos regresando a la laguna.
Colaboración de Cesar Acevedou
Costa Rica
