Un sapo grande y severo
muy sólo se encontraba,
escondido entre las plantas
ya nada le interesaba.
Una tarde lluviosa
cansado de soledad,
decidió dar un paseo
para observar... Nadas más.
Recorrió todo el jardín
y la huerta de la casa,
y en un charco se detuvo
y algo de su interés captó
que también lo cautivó.
Una graciosa ranita
en el agua disfrutaba,
y allí el sapo se quedó
y esta historia terminó
¡croac croac!
Fin
Colaboración de Raquel Karen
Israel
