A los que fueron en mi ausencia, como los extraño. En mi vida despojada, como me duele dejar a los que estuvieron en mi despedida. A los labios tersos, a la sonrisa juguetona, a la niña soñada, como me duele olvidar. Me voy dejando los sueños que nunca soñé, me voy con la esperanza que pudo haber sido. Le doy la espalda a la puerta que no pude nunca abrir, tan cerca y real, como quise haberme quedado.
Nuevamente, los dulces recuerdos son la daga más punzante, el aliciente doloroso que no puede evitarse, que habite en mí. Un brindis y mil tragos por los que fueron, una lágrima y mil pesares por lo que fui, un amor y mil felicidades por ti, amada e incomprendida. No sé de halagos para quién asentó el corazón sobre un pecho huraño, sólo sé de tristes despedidas, de ahora que te digo, muchas gracias y adiós.
Colaboración de Klaus Bonaparta
Colombia
