Abre despacio aquellos claros rubíes que desde tus ojos saludan tan misteriosamente a un nuevo amanecer. No te des vuelta sin ver antes como él frió de este otoño nos mantiene juntos desde ayer.
Respira así como nunca, así como cada vez que estamos juntos, deja en mis manos la tarea de asolear tu sudor frente al sol, como reptil rozando cada vértebra de tu ser, deja que las hojas que el otoño no discrimino me envidien por seguir allí tan arriba, en las copas de los árboles mientras yo estoy aquí rozando tus pies cual lluvia carmesí de tarde húmeda y de pasión.
Deja que desde tu conciencia me rechaces una y otra vez para que llegado el momento me busques con tu corazón, de esta manera, y sin más testigos que el viento que trae la noche, nos enredemos entre sus ramas para cobijarnos una vez más cual nido de aves cubre sus bebes del crudo invierno.
Dame el aire que necesito para morir de amor, dame tu fuego para sentir él frió de dejar mi cuerpo vivo hacía ti, dame el llanto para llorarte de alegría y dejar que mis rojos labios te busquen una vez más llorando de amor, deja que mis pálidas ojeras busquen tus sentidos, mucho más allá de tu cuerpo, más allá de tu conciencia, más allá del corazón, ven a mi otoño amor, la noche seguirá durmiendo tranquila y la niebla se reirá de nosotros, ella nada sabe de amores…
Colaboración de
Karol
Chile
