Temor, inquietud e inseguridad vuelven a ensombrecer la claridad de mi bienestar y tranquilidad. ¿Por qué esta amarga y dulce tendencia a sentir lo que una vez me hizo tanto daño? ¿Cuánto más ha de imponerse el cruel e infantil corazón a la tardía madurez de la razón? Es que... ¿Tan indispensable es experimentar este sentimiento tan inefable que no hace sino enceguecernos y apartarnos de la realidad?
Hoy que me encuentro solitario, tengo relativa paz; más subyace dentro de mí aquella casi extinta pero inquietante llama que se empeña en seguir ardiendo y anda siempre vigilante, esperando la divina aparición de su musa. Y... Justamente hoy es que aparece esta mujer de tal majestuosidad y magnificencia que con una caricia suya sobre estas gélidas manos me otorga el calor y sosiego deseado con anhelo. Las notas melódicas de su voz penetran y endulzan mis oídos a tal punto de abstraerme del mundo, y la gran sonrisa dibujada en su rostro me provoca extrema fascinación y me conduce por el derrotero de las ilusiones.
He sido vapuleado innumerables veces tratando de hallar aquello por lo que cualquier mortal moriría... "EL amor" y qué mejor si se encuentra ínsito en una mujer que por donde quiera que se le observe irradia destellos de luz y júbilo, acompañada de una ingente y plácida mirada.
El decurso del tiempo no bastó para que las lacerantes heridas causadas por un ser abyecto puedan cicatrizar; hizo falta la aparición de esta mujer de quien ahora me encuentro profundamente atraído; reconfortado cuando a su lado estoy y con sinceras ganas de ofrecerle todo lo que me identifica como persona.
Si ella llegase a considerar que en mis palabras existen indicios de exageración, sólo le pediría que piense que en este mundo existe un ser dispuesto a otorgarle la felicidad que merece y aunque sea de difícil entendimiento para ella, le diría que no busco otra cosa que vivir de sus especiales dones y grandezas y a cambio de ello, obtendría de mí un servilismo incondicional donde mi último hálito sea para ella. Mi Amada, traigo a colación tu imagen y me quedo absorto debido a la inigualable belleza que ostentas; los rasgos finos de tu rostro están grabados en mis pupilas y enmudezco por largo tiempo contemplándote imaginariamente.
Ante tus pies me encuentro y sin vacilaciones te ratifico el inmenso amor que te profeso.
Tuyo en mente y corazón...
Christian L.
Dedicado a la mujer que amo y que debería haber olvidado
Colaboración de El Bohemio
Perú
