Tus ojos son dos faros luminosos,
dos haces de luz que me atraviesan,
como una estaca, el corazón.
Tus manos son dos barcos
que me mecen con olas salvajes
entre mares tempestuosos.
Recuerdos que florecen en mí,
fuertes como rocas,
y provocan tal frenesí
que hacen temblar todo mi cuerpo.
Cielo estrellado,
desierto seco y descuidado,
mar de olas bravías,
costa de playa virgen.
Estás tan lejos y tan distante
y por más que intento
con los dedos alcanzarte,
sólo encuentro el contacto del vacío
y el leve calor que irradias.
No pretendo que me bajes
la luna con las manos,
ni que me eleven
a una cúpula tus besos.
No te pido que me ames,
pues sé que no vas a hacerlo.
Colaboración de Marta García Roldán
España
