En el manantial de los recuerdos,
recordar es parte del existir humano,
el crepúsculo de la existencia se diluye en la noche,
¿Quién no recuerda la crisálida que se hace amor intenso?
Un soplo de tus labios, de anhelo entre mis labios,
tu sonrisa ingenua que alumbró mi universo,
aletargada tarde de brisa persistente.
Viernes 16 de julio de 1976, dos de la tarde,
muelle del dique, embarcación "la alianza"
y el canto monótono arrastrado de las olas
del lago florido de guirnaldas de espuma.
El sol se abrió paso un instante entre las nubes
y pude ver las perlas fluyendo de tus ojos;
-No te vayas te dije- -No te quedes- respondiste,
tomados de la mano, con fuerza intermitente
como queriendo alargar aquel instante
y te fuiste, te fuiste como gaviota blanca.
Desvanecida por el gris de un cielo triste
bajo un árbol de almendro que es mi oráculo,
pregunto y no hay respuesta: ¿Por qué no fui con ella?
se fue pero está, flotando entre los años.
Ahora bajo el árbol que ya no es oráculo,
saboreando esta miel y un olor lejano de corozo
recuerdo aquel beso, que fue el último de su estirpe
corolario de amor formidable que resiste al tiempo.
Colaboración de Alejandro César
Costa Rica
