Ruedan tus rizos claros y gruesos,
por tus cándidas formas como un río,
y esparzo en su raudal crespo y sombrío,
las rosas encendidas en mis besos.
En tanto que arranco los espesos anillos,
siento el roce leve y frío de tu mano,
y un largo escalofrío,
me recorre y penetra
hasta los huesos.
Tus pupilas caóticas y hurañas,
destellan cuando escuchas el suspiro
que sale despedazando mis adentros.
Y mientras yo agonizo,
tú,
sediento finges un negro
y pertinaz vampiro,
que de mi ardiente sangre
se alimenta.
Este poema fue escrito para todos los hombres oscuros pero especialmente para David Natividad Moreno
Colaboración de Cecilia
México
