Por qué niña hermosa de tez clara,
Hoy nublas mi alegría con esa triste lágrima,
¿Es que acaso algo te desaira?
¿O solo es el paso del renacer de tu mirada?
Sin saber porque, sin un motivo.
A solas te escribo con presteza loca,
Para consolar el llanto que cautivo,
Golpea a tu alma, como una roca.
Aun recuerdo aquel día,
Cuando el cielo lloró contigo,
Y nublado por tu agonía,
A tu verdugo mojó en castigo
De aquel llanto yo me inspiro,
Recordando en ti, a tu mirada,
Y regresa a mi como un suspiro,
La imagen de aquella mujer, desconsolada.
Pero basta ya de tanto verso,
Que redunda en tanto llanto,
Porque yo se que en tu quebranto,
Alguien te consoló con algún beso.
Eso es perfecto, aun siendo ajeno,
Y si te hicieron sonreír, es aun mejor,
Porque tu llanto es un veneno,
Que a cualquier hombre le quitaría calor
Más ese veneno que de tus ojos emana,
Yo quisiera de tus ojos secar,
Y saber que al fin por la mañana,
Podrás al día una sonrisa entregar.
Sonríe y no recuerdes,
Ese algo que perdiste,
Mucho menos lo que hiciste,
O que de algo te arrepientes.
Sonríe y alegra tu semblante, hermosa
Y alegra de tu jardín alguna flor,
Para que mi estrofa se vuelva mariposa,
Y a tu oído llegue, y te haga sentir mejor.
Colaboración de
Ulises
México
